Olores y emociones que nos hacen sentir bien (3)
Cada lugar por el que paso, tiene un olor diferente, y éste aroma me evoca diferentes emociones asociadas a recuerdos de las veces que he podido estar en ese lugar (si es que he estado alguna vez). A veces éstos son algo “depres”, (¡cosa que prefiero olvidar!), pero en muchísimos casos, el tiempo los ha modificado en mi memoria, y les ha dado ese toque de color sepia que cuando los vuelvo a recordar me hacen sentir bien y por tanto sonreir.Supongo que alguna vez te habrá pasado a ti lo mismo, ¿verdad?. Por ello, hoy deseo seguir compartiéndolas de nuevo contigo en ésta tercera entrada del Blog
Tras la experiencia en Madrigalejo del Monte, decidimos retomar la carretera e ir en sentido hacia Madrid con la intención de dirigirnos a Covarrubias, que según el plano que llevaba estaba relativamente cerca.
Ufff … Covarrubias fue demasiado espectacular para mí: ¡Estaba tan bien conservada y eran tantos los rincones llenos de belleza y armonía! Tan pronto pudimos, aparcamos para comenzar a andar y dejarnos envolver por el ambiente. El propio suelo, de cantos pulidos, ya me trasladaba a otra época, y el aire fresco se entremezclaba con el aroma a leña de las chimeneas… Reinaba una claridad maravillosa … La sensación de bienestar volvió a inundarme, y como en ocasiones anteriores, volví a sonreir …
Paseamos por sus calles, que tienen esas casas que tipo medieval con vigas de madera puestas de forma tan decorativa que contrastan con el blanco de las fachadas y algo de piedra formando esos soportales tan típicos de Castilla. Otros edificios son antiguos palacios o casas señoriales todas de piedra, que se ve que pertenecieron a personajes importantes de la época. Comprendí por qué en verano lo convierten en un pueblo medieval durante un fin de semana … Son pocos los rincones que no contagien paz y belleza.
Evidentemente, como ya eran casi las 2.30 de la tarde, pensamos que había que encontrar algún sitio donde comer. ¡Había lugares tan bien decorados con aromas a buen guiso tan atrayentes!
En clave de humor, decidimos que, para poder elegir el mejor sitio, debíamos probar la calidad de sus aperitivos. Estuvimos probando 2 sitios cuyos nombres no retuve, los cuales, junto con la clara (que es la mezcla de cerveza con gaseosa), ponían una tapa bastante casera.. El tercer sitio, donde nos decidimos a quedarnos a comer, fue un asador que ya sólo desde la entrada su olor a leña mezclada con asado de cordero abrían el apetito … Me acordé de la capacidad que tienen algunos aromas para despertarnos el deseo comer aquello que tan bien nos huele.
Tenía un comedor pequeñito cuidadosamente decorado con detalles de piedra en las paredes. Nos sentamos en una esquina del fondo para comer junto a una estufa de carbón de lo más decorativa. Aquella iluminación procedente del ventanal, unida a su cálida decoración y la temperatura tan agradable, me creaban una ilusión especial por abrir la carta. Pedimos cordero asado acompañado con patatas fritas y ensalada. Ésta estaba aliñada con un aceite de oliva que ya sólo por el olor atraía … Debía ser oliva virgen, pienso yo. Todo ello acompañado con un vino de la casa que por supuesto era Ribera de Duero. De repente nos trajeron un par de barritas de pan recién sacado del horno. Era de ese pan hecho en tahona que está tan bien terminado de cocer, con una harina tipo candeal. Desprendía un olor que me recordó a mis 9 años, cuando íbamos los sábados a las 10 de la mañana a “La Susi”, una panadería de La Sierra de Madrid, donde hacían ellos mismos el pan y lo metías en la cesta casi quemando. Comencé a probarlo untándolo con el aceite de oliva, pero decidí dejar de comer para que hubiera espacio en el estómago para lo mejor …
El cordero fue … No te puedo contar … Realmente espectacular … Tenía ese tan característico aroma a cordero lechal, -(bien distinto del recental)-, tan fino y suave, que unido a su ternura, daba pena que se acabara …
Los postres tenían un aspecto tan fabuloso, pero me sentía tan llena que, decidí no comer ninguno y pedir un café doble cortado. Después del café nos ofrecieron un pequeño “chupito” al que sólo yo dije que sí, pues Juan prefería no tomar más alcohol para poder conducir. Tenía un fabuloso aroma a licor de hierbas del que me dijeron lo hacían ellos mismos. Como acompañamiento, me ofrecieron unas galletitas tipo “Campurrianas”, pero mejores, que mojadas en aquel licor, sabían … ¡Geniales!
Había comido tan bien, que, de haber tenido algún sitio para acomodarme, por supuesto que me hubiera colocado para dormir una pequeña siestecilla …
Decidimos seguir dando una vuelta por el pueblo dejando que el frescor nos diera en la cara y así espabilarnos un poco. Recorrimos varias plazas y callecitas llenas de sabor, olor, e historia … Una sensación de tranquilidad y reposo bien reinaba en el ambiente. Cierto es, que la compañía de Juan es inmejorable, pero aunque no hubiera ido con el, la experiencia hubiera sido también realmente positiva.
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Espero no haberte cansado un poco con tanta descripción. El próximo día terminaré contándote el desenlace de mi día. Me alegro de haber podido compartir contigo aquellas pequeñas experiencias que, asociadas a los aromas, me producen tan agradables emociones que me hacen sentir bien, Es una forma de descanso formidable, ¿verdad?
- Olores y emociones que nos hacen sentir bien (2)
- Olores y emociones que nos hacen sentir bien (4 y última)


Una maravilla para los sentidos. Se nota que cada post lleva detrás bastante trabajo: Cada día son mejores