El olfato y nuestra genética (1)
¿Cuántas veces te ha pasado, apreciado lector, que al entrar en un ascensor o en cualquier otro espacio, sientes que huele a un determinado perfume y sin embargo la persona que va contigo, conociendo igualmente ese perfume te comenta que ella no lo nota? Y es que nuestra genética tiene una influencia decisiva para que podamos percibir determinados olores.
¿Te apetece conocer por qué lo sientes de manera especial? A continuación te lo cuento de la forma más sencilla para no complicarte mucho:
Según estudios realizados por diversos expertos, nacemos con una incapacidad para percibir ciertos aromas la cual es heredada de forma genética. Las personas poseemos aproximadamente 1.000 genes, que están relacionados con nuestro sentido del olfato. (Esta cantidad de genes constituye aproximadamente un 5% de la totalidad de nuestros genes). De estos genes, nuestra nariz posee aproximadamente 400 receptores olfativos, siendo codificado cada uno por un gen diferente, que es capaz de responder a varias sensaciones olfativas. Solamente los gemelos idénticos poseen un mismo código genético. Conclusión: Cada uno de nosotros tenemos un “código de barras” genético distinto, que nos aporta una diferente sensibilidad olfativa. Podría profundizar y darte una explicación más profunda, pero creo que a lo mejor te podría aburrir y cansarte …
Me maravilla contemplar en estos detalles cómo hemos sido creados de forma única e irrepetible. ¿Qué clase de inteligencia es tan capaz de crear algo con tanto esmero?
Como imagino ya sabrás, el mayor o menor sabor de muchos alimentos que tomamos, está directamente relacionado con su olor. ¿Sientes tú también que un melocotón te sabe más y mejor cuando huele mucho?
En un estudio realizado a 500 personas con 66 tipos diferentes de aromas en los que se les pedía dieran su impresión, los resultados referentes a la intensidad y al impacto positivo o negativo hacia esos olores fueron de lo más variopinto. Las razones genéticas que te he comentado antes, explican el por qué.
Por ello, no es extraño que haya personas a las que nos encante el olor de un guiso hecho con aceite de oliva, y a otras les produzca repulsión. No hay que descartar que, el factor cultural tiene bastante peso, pero el genético también.
En el mismo estudio, se les dio también a probar aromas en cantidades de esencia tan bajas, que muchos aseguraban no percibirlos de forma consciente. Sin embargo, se pudo observar que su percepción inconsciente era tal, que factores como el aumento de nivel de sudoración a través de la piel, aumentaba de forma sensible en algunos.
Todavía no se ha llegado a conocer cuales son los aromas primarios capaces de percibir nuestros receptores olfativos. Los fabricantes de perfumes hacen sus cálculos basados en las reacciones de las personas … Pero si los conocieran de verdad … las combinaciones para obtener un tipo de reacción serían tales que, ¡Estaríamos en sus manos! …
Espero que te haya gustado lo que aquí te comento en lo relacionado a la primera parte de la influencia de nuestra genética para nuestro sentido del olfato. Si te ha gustado, te animo a compartirlo con tus amigos a través de las Redes Sociales. También puedes escribir un comentario o hacerme alguna consulta que, ¡Seguro te responderé! Te he puesto en la derecha un apartado “RSS Entradas”, por si deseas recibir las entradas de forma automática. ¡Un abrazo y hasta la semana que viene!
Fuentes de la información: Estudios realizados por diferentes expertos como Boris Schuilling, experto en bioquímica colaborador de Givaudan, empresa suiza líder internacional especializada en fragancias. Andreas Keller, experto en genética de la Universidad de Rockefeller en Nueva York. Leslie B. Voshall, experta en genética y colaboradora entre otros lugares en “The Rockefeller University Hospital”
Fuente de la fotografía de portada: Huffingtonpost.ca


Su artículo me ha dado la explicaciones a cosas para las que no conocía la respuesta.
Le agradezco su interés en publicar esta clase de información.